Erik está sentado sobre el balaustre de su barco. La botella de ron, sin etiquetar, yace entre sus dedos, prácticamente vacía, lánguida como su mirada. Su mente se mece al ritmo de las olas mientras recuerda momentos que no quiere recordar. Se martiriza a sí mismo con los recuerdos de un error del que no tiene culpa, luchando con su propio martirio mira como las olas lamen el casco de la embarcación.
Erik, apodado “El Justo”. El pobre y bueno de Erik. No sabe nada de su padre, del extranjero que llegó y sedujo a una loba en una noche de tormenta. Un extranjero que había llegado por casualidad a Veiholmen. A todos resultó extraña la llegada del extranjero, pues Veiholmen es una pequeña isla con un pueblo pesquero y un pedazo de bosque salvaje donde conviven unos cuantos Garou, su parentela y una pequeña manada de lobos. Pero llegó, dejó su semilla y desapareció tal y como vino. Solo un lobo habló con él, el Theurge Bjorg “Nieve Helada”.
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