El parto no fue agradable, dar a luz a un Garou nunca lo es, pero en este caso fue más que eso, fue completamente desafortunada. La madre de Erik murió en el parto, aunque él, dispuesto a sobrevivir, consiguió salir adelante. Aciago destino esperaba a un lobo sin una madre que le alimentase, el cual, por ser distinto, por oler diferente al resto de la manada, por ser especial, fue abandonado por la misma al nacer. Afortunadamente para él, en medio del más crudo de los inviernos que Veiholmen haya vivido, uno de los marinos del pueblo, Jackson “El tuerto”, le encontró y, como pudo casi lo resucitó. Le cuidó, le amamantó, y pasó la mayor parte del invierno en casa del lobo de mar. Suena casi poético que un viejo lobo de mar rescate a un lobo de tierra. Sobra decir que en ese momento se ganó para siempre su lealtad y su amor. Había perdido a su raza, había perdido su identidad y a su madre, pero se había ganado un amigo, que digo un amigo, más que eso, un padre que le enseñó cómo pudo a existir, a comportarse, los entresijos del comportamiento con humanos.
Una vez llegada la primavera, Jackson fue nombrado capitán de un pequeño barco mercante que dedicó a servir a las diferentes compañía que poblaban Veiholmen. Allí Erik aprendió lo que era el mar, sus bravatas, sus peligros. Aprendió que el barco era su hogar. A defender, a comer las sobras. Se puede decir, que era feliz. Tenía un hogar, una familia, comida y algo por lo que luchar.
Han pasado los años y Erik sigue sentado en el balaustre, con la mirada desenfocada. De un salto repentino se lanza al agua, transformándose en Crinos mientras cae. Cuando se zambulle la conversión ha finalizado, y una tremenda bestia, medio hombre medio lobo, se zambulle sobre lo que parece la aleta de un tiburón. Esta noche cenarían un manjar.
Cuando trepa por el casco del barco, su Parentela le vitorea por la pieza cazada y empiezan a salivar pensando en el delicioso manjar que comerán durante unos días. Jan Jefferson, mejor amigo de Erik, sentado en lo alto del palo mayor, sonríe al ver la capacidad de liderazgo de su amado amigo. “Todos le adoran, es como un héroe, como un padre para todos. Nunca había conocido a un Garou tan carismático como él.” cavila mientras sonríe y venera a su amigo.
Tras la cena, el ron, y las risas, Erik se retira a su camarote. Una vez allí, melancólicamente saca el roído Cuaderno de Bitácora y, como cada noche, antes de escribir en él lo relee desde el principio. Es bueno tener en cuenta el pasado, para que no se repita en el futuro. Y, justo antes de leer su primer día como capitán, al abrir el libro y ver el nombre del barco “Eyeless Jackson” una lágrima cayó, pesada, altanera, por sus párpados quemando cada centímetro de piel que tocaba.
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