lunes, 10 de octubre de 2011

Lucha por Gaia

Acechaba tras un contenedor rojo, la pintura estaba roída, el metal oxidado, las cadenas rotas, como el resto de contenedores que portaba el transoceánico. Podía ver desde su posición en el barco espiritual varias Perdiciones que rondaban el lugar. Quizás la entrada a través de la Umbra no había sido tan buena idea. Pero las balas de plata de los seguidores de Biagio eran quizás una opción que no le apetecía disfrutar. Todavía recordaba aquella lacerante mordedura que le había propinado el arma de fuego.

De un salto atraviesa el contenedor para salir en el mundo real, abandonando tras de si, entre los jirones de la Celosía, a las Perdiciones. Un hombre armado se encuentra a escasos centímetros de el, de espaldas, como pidiéndole una muerte piadosa. Pero no se la dió, se limitó a susurrarle al oido, a implorarle que no le obligase a matarle, le dió la oportunidad de ser alguien importante, de luchar por algo real, por una verdad absoluta, por Gaia. Y el hombre, ajeno al mal que lo había corrompido, se insufló del tierno abrazo de la diosa y avanzó, creando un caos indescriptible entre los demás guardias. Se acercó a él, y con un beso en la frente le partió el cuello, pidiéndole disculpas con lágrimas en los ojos, le agradeció haber dado su vida por Gaia.

Solo quedaba un cabo por atar, subir al puente de mando y hacer hablar a Claudio Garavaglia, chiquillo de Biagio. Sus gritos se escucharon en cientos de Km. a la redonda...

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